Reseña en Recerca - Revolución en punto cero

Autor/a de la reseña: 
María Medina-Vicent

A través de la obra Revolución en punto cero. Trabajo doméstico, reproducción y luchas feministas, Silvia Federici nos abre una ventana al amplio abanico de luchas que subyacen a la práctica feminista. Sus trabajos se sitúan en el movimiento autónomo feminista dentro de la tradición marxista, desde donde «rechaza firmemente la idea de que patriarcado, trabajo doméstico y desigualdad de las mujeres se sitúen “fuera” del capitalismo» (Echevarria, 2014: 1). A partir de las bases que le otorgan el feminismo radical y el materialismo histórico, la autora pone su foco de atención en el trabajo reproductivo como parte vital de la lucha política feminista. Así pues, debido a la frágil situación de las mujeres en un marco actual de crisis del capital (Carrasco, 2009; Larrañaga y Jubeto, 2009), se vuelve necesario reflexionar junto a Federici sobre el papel de las mujeres y la reproducción social en el sistema capitalista.

 

En la primera parte de la obra, la autora pretende «Teorizar y politizar el trabajo doméstico». De este modo, Federici aborda el salario doméstico desde una perspectiva política, partiendo del reconocimiento de que el trabajo del hogar «ha sido transformado en un atributo natural de la psique y personalidad femeninas» (2013: 37). Esta idea responde a la «glorificación de la familia como ámbito privado» (2013: 62) contrapuesto al ámbito público, con lo que el primero se convierte en «el territorio de las mujeres, el de la reproducción, el de los afectos, el de los cuidados» (Salazar, 2012: 97). En este sentido es en el que Federici considera que reclamar el Salario por el Trabajo Doméstico (STD), significa rechazar el rol asignado a las mujeres por parte del capital, «rechazar este trabajo como expresión de nuestra naturaleza (hablando de las mujeres)» (2013: 39). Mediante dicha reclamación, iniciada por las welfare mothers en los EEUU de los setenta, se visibiliza que este trabajo genera dinero para el capital, y que por tanto, solamente cuando se revele como una cuestión política, las mujeres podrán gozar del derecho a decidir si realizar o no este tipo de trabajos. Sin embargo, como señala la autora, el STD despierta un amplio rechazo en la izquierda marxista, tradición que «ha estado de acuerdo en la marginalidad del trabajo doméstico en la reproducción del capital» (2013: 52), y que en consecuencia, ha relegado a una posición secundaria las reclamaciones feministas, ofreciendo a las mujeres nada más que «el derecho a estar más explotadas» (2013: 53). La conclusión que se puede extraer de la primera parte de la obra es que el feminismo, entendido como el movimiento por la igualdad entre mujeres y hombres, no ha puesto en duda el sistema material en el que se producen las desigualdades, sino que «se ha identificado con la adquisición de igualdad de oportunidades en el mercado laboral» (2013: 94), una igualdad que supone una doble explotación para las mujeres: en el hogar y en el mercado laboral. De este modo, tener en cuenta las condiciones materiales y no «priorizar el papel de la conciencia, como si la esclavitud fuese una condición mental» (2013: 93), resulta clave para afrontar los retos de la lucha feminista hoy en día.

 

La segunda parte de la obra recibe el título «Globalización y reproducción social», y se centra en estudiar cómo afectan la globalización y la Nueva División Internacional del Trabajo (NDIT) a las mujeres. La autora parte del hecho de que la creación de las zonas de librecomercio no ha supuesto una mejora en las condiciones de vida de quien habita en el Tercer Mundo, ya que ha permitido que «las empresas extranjeras mantengan salarios inferiores a los niveles de subsistencia» (2013: 115), provocando un proceso de «feminización de la pobreza» (2013: 118). Al mismo tiempo, esto ha promovido la reestructuración global del trabajo reproductivo, reforzando «las jerarquías inherentes a la división sexual del trabajo» (2013: 118). Dicha reestructuración introduce una «división entre las mujeres que debilita la posibilidad de una solidaridad feminista global y amenaza con reducir el feminismo a un mero vehículo para la racionalización del orden económico mundial» (2013: 110), en consecuencia, se puede hablar hoy de una crisis de las políticas feministas. A su vez, «la proliferación de conflictos en África, Asia y Oriente Medio» (2013: 128) muestran que los Programas de Ajuste Estructural (PAE) perpetúan la violencia y «la dependencia de dichos territorios con respecto al capital internacional» (2013: 129). Así pues, la importancia de las mujeres en la globalización se ve reflejada en su papel clave dentro de dichos programas, y es que son ellas las que protagonizan las luchas contra sus efectos nocivos: «la privatización del agua [...] la deforestación y exportación de bosques enteros» (2013: 147-148). También son las mujeres del Sur las que «se han convertido en las trabajadoras domésticas del Norte» (2013: 147), permitiendo a los gobiernos «reducir la inversión en reproducción» (2013: 176), reducir su responsabilidad para con el cuidado, un tema de gran trascendencia social. Atendiendo a estos hechos, Federici concluye que la reflexión feminista se debe situar «en un marco de trabajo anticapitalista» (2013: 125), pues la situación del Sur debe suponer para las feministas del Norte una toma de conciencia de cuál es el enemigo común: el capitalismo.

 

En la tercera y última parte de la obra, se trata la reproducción de lo común, donde Federici destaca las luchas de las mujeres del Sur en defensa de la tierra, así como su protagonismo en la «persistencia de la agricultura de subsistencia» (2013: 226). Dicha práctica supone ventajas para las comunidades, porque «han supuesto el principal parachoques del mundo proletario frente a las hambrunas provocadas por el régimen neoliberal» (2013: 233), debido al desarrollo de un modelo sostenible de reproducción de la vida, más allá de los flujos del capital. De esta manera, el activismo femenino en África, Latinoamérica y la India, ejemplifican el auge de movimientos que se oponen a «la presión de las compañías agroalimentarias para reducir las tierras de cultivo» (2013: 241), compañías que expolian los recursos naturales, lacrando el futuro de la población. De esta realidad se desprende la idea de que la protección de los bienes comunes debe ser la misión central de cualquier movimiento social, que es necesario «proponer una gestión alternativa de los bienes comunes, sometidos hoy a los intereses del mercado» (Abad y Abad, 2014: 61). Al ser conscientes de esta realidad, desde la perspectiva feminista existe la responsabilidad de reapropiarse dicho término, para configurar una propuesta en defensa de la vida de corte anticapitalista (Pérez Orozco, 2014), sobre todo, porque como encargadas del cuidado y la reproducción, «las mujeres han dependido en mayor manera que los hombres del acceso a los recursos comunes, y han estado más comprometidas con su defensa» (2013: 251). Así, sin caer en un sesgo naturalista, Federici propone reconocer la labor de las mujeres en la «creación de formas colectivas de vida» (2013: 255) para garantizar la reproducción social.

 

En definitiva, cuando en el Norte del mundo emergen nuevos movimientos ciudadanos que reclaman justicia, el activismo de las mujeres del Sur en la protección de los recursos, así como su resistencia a plegarse frente al expolio del capital, debe ser reconocida y incorporada en la agenda política feminista. Al fin y al cabo, el nuevo activismo ciudadano en Occidente es el eco de las luchas que llevan décadas realizándose en los países del Sur. Desde nuestro punto de vista, existen más puntos en común que diferencias entre las madres que protegen la tierra para evitar la desposesión de la comunidad, y la ciudadanía que defiende a su vecindad de un desalojo. La conexión no se puede obviar, por eso una de las reflexiones más potentes de Federici en su obra es que no se puede trabajar por la igualdad entre mujeres y hombres si no se lucha antes contra las estructuras capitalistas.

 

 

Bibliografía

 

Abad , J. y M. Abad (2014), «La economía social y solidaria como alternativa económica. Bienes comunes y democracia», Recerca. Revista de Pensament i Anàlisi, núm. 14, pp. 55-75.

Carrasco, C. (2009), «Mujeres, sostenibilidad y deuda social», Revista de Educación, núm. extraordinario, pp.169-191.

Echeverría, T. (2014), «Entrevista a Silvia Federici», Boletín Ecos, núm. 26, pp. 1-11.

Federici, S. (2010), Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Madrid, Traficantes de Sueños.

Larrañaga, M. y Y. Jubeto (2009), «¿Calma tras la tormenta financiera? Reflexiones desde la perspectiva de género», Lan Harremanak, núm. 20-21, pp. 31-50.

Pérez Orozco, A. (2014), Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida, Madrid, Traficantes de Sueños.

Salazar, O. (2012); «Otras masculinidades posibles: Hacia una humanidad diferente y diferenciada», Recerca. Revista de Pensament i Anàlisi, núm. 12, pp. 87-112.

Libro reseñado: 
Fecha de la reseña: 
Jueves, 1. Octubre 2015
Portada Revolución en punto cero
Medio donde se publicó: 
Revista Recerca núm. 17